Adiós a un grande

Aunque era algo que era previsible, visto su estado de salud, el jueves 6 de septiembre pasará a la historia de la lírica por la muerte del gran tenor de Módena, Luciano Pavarotti. Deja al mundo de la ópera grandes interpretaciones, una voz inolvidable por su dicción, claridad en la voz, etc. Sin duda, otra faceta a destacar ha sido su idea de popularizar la ópera: aquel mítico concierto en las Termas de Caracalla (1990) fue el inicio de una idea de llevar la música lírica desde los escenarios de los grandes teatros hasta los parques, festivales para que la gente se quitara de la cabeza los prejuicios “elitistas” de las óperas. Un antes y un después en el mundo de la ópera.
Pero hablemos del primer Pavarotti. Con 26 años debutaba en Dublín llevando a cabo una de esas óperas que lo encumbran: Rigoletto. El tenor de Módena representó ante unos “padrinos” inigualables (el director musical Richard Bonynge y Joan Sutherland) el rol de Duque de Mantua. Los que hemos disfrutado, por ejemplo, de la versión dirigida por Richard Chailly y compartiendo escena con la gran Edita Gruberova hemos podido hacernos una idea de cómo pudo ser aquel estreno. Sin embargo, el gran éxito, el que consiguió que la gente conociera su nombre llegó en el Metropolitan Opera House, en la que era una de sus primeras temporadas en la ubicación del Lincoln Center. En 1968, en el mencionado teatro, Luciano Pavarotti representó el papel de Tonio en “La fille du Régiment” y lo hizo de tal manera que el TIMES le dedicó una portada, destacando la gran interpretación en ese “Pour mon âme” o aria (más bien entraría en la categoría de cabaletta) de los nueve “do” agudos que el compositor Gaetano Donizetti obligó a cantar al tenor de turno. Su trayectoria también fue un ejemplo de fidelidad no sólo a una casa como DECCA sino que, además, fue habitual verlo en grabaciones discográficas con la australiana Joan Sutherland y su marido, Richard Bonynge, en lo que era la prolongación de otra pareja mítica como Maria Callas y Giussepe di Stefano y a la par con Renata Tebaldi y Mario del Monaco. Como se comentó, todo cambió en el verano de 1990, con el primer concierto de los "Tres Tenores", que ganó más aficionados a la ópera de lo que muchos podían imaginar Digamos, por tanto, que, además de excelente cantante, fue un gran visionario. Esos conciertos al aire libre dotaron a la ópera de una mayor cercanía al público y permitieron, a su vez, gozar de más popularidad.
Pavarotti ya no está con nosotros, pero su excelsa discografía le hará permanecer en el recuerdo de todos   los aficionados a la ópera. Escuchar ahora el Nessun Dorma será diferente, como cuando escuchábamos a Mª Victoria de los Ángeles, Alfredo Kraus, Maria Callas, Mario del Mónaco, etc. Del cantante a la leyenda.
La ópera, como todo espectáculo, debe seguir. Grandes cantantes han ido pasando desde que la primera nota sonó a principios del siglo XVII y muchos más seguirán mostrando su talento sobre los escenarios o en los estudios de grabación. Afortunadamente aquellas innovaciones técnicas han permitido que la gran calidad de los grandes cantantes nunca se pierda y que las nuevas generaciones puedan seguir disfrutando al igual que muchos hemos podido hacer mientras el gran tenor cantaba y triunfaba allá por donde iba.
Discografía: http://www.weblaopera.com/voces/tenores/pavarotti.htm
 

 

Pavarotti: El Artista y el Hombre de Roger Alier