Fidelio  Ludwig van Beethoven                                              Sinopsis   Operamania.com

 

Rene Kollo - Aria de Forestan

Personajes

Florestán……………..…….preso político……...........................tenor
Rocco………………….……carcelero………..............…............baritono
Fidelio/Leonore....ayudante del carcelero/mujer de Florestán.…soprano
Marzelina………......... Hija del carcelero….............................soprano
Pizarro…………........… Alcaide de la cárcel…........................bajo
Don Fernando…...................Ministro………………….........…..bajo
Jaquino…….. pretendiente de Marcelina, trabaja con Rocco…..tenor

Fidelio no es una obra cualquiera, es la única ópera compuesta por el gran genio Ludwig von Beethoven, donde deja muestra de su sapiencia en cada nota. Suele ser representada también con unos breves diálogos hablados que están intercalados. La ópera fue compuesta con el nombre de Leonore y estrenada a finales de 1805 en el Theater an der Wien. Posteriormente, sufrió dos modificaciones más. En la segunda en 1806 se añade al título “oder Der Triumph der echelichen Liebe” (o el triunfo del amor conyugal). En 1814 se estrenaba la tercera y definitiva versión de esta ópera con dos diferencias por encima del resto: se pasaba titular Fidelio y se representaba en otro teatro, el Theater an der Kärntnertor. A partir de un texto francés de Bouilly, el libreto final fue encomendado a Treitske tras el fracaso de las dos versiones anteriores. De estas versiones queda el recuerdo, afortunadamente recogido por las discográficas, de reunir las tres oberturas compuestas para esta obra, aparte de la que se utiliza en la propia ópera. Aunque la tercera versión tiene sus tres actos y se suele representar así, también es cierto que el segundo y tercero se suelen representar juntos, especialmente por la brevedad del tercero.

Acto I: Cárcel

Tras disfrutar de una maravillosa obra sinfónica se alza el telón. Ante nuestros ojos se ve dos jóvenes en una discusión en la que se percibe, realmente, el componente “popular” de ambos personajes. Jaquino está profundamente enamorado de Marcelina pero no se ve correspondido por la hija del carcelero quien, por esas cosas del destino, es su jefe(“Jetzt, Schätzchen!”… Ahora, mi tesoro). Ella es remisa a toda relación con él, sintiéndose fiel a Fidelio a pesar de los esfuerzos del pobre Jaquino por lograr su cariño. Incluso ese atisbo de relación se desarrolla de forma cruel para el pobre y “pesado” Jaquino que no ve correspondido su amor por ella. Una vez se ha quedado sola se mantiene firme e ilusionada por sentirse amada por Fidelio (O wär' ich schon mit dir vereint”… ¡Aunque una muchacha). Rocco pregunta si ha llegado Fidelio, quién, por cierto, aparece en escena tras regresar de un encargo. La conversación entre Rocco y Fidelio no tarda en pasar a un ámbito más “familiar”: Rocco accedería a la relación entre su joven encargado y su hija Marcelina, la que se siente feliz al ver la aceptación de su padre (“Mir ist so wunderbar”… ¡Qué sentimiento extraño) en lo que es un precioso y armonioso cuarteto al unirse Marcelina y un desesperado Jaquino. En cambio, Fidelio se muestra más reacio a la relación. Rocco asegura a su hija que la fecha de boda estaría confirmada después de la debida revisión del gobernador. En este momento es cuando asistimos a un aria de Rocco (“Hat man nicht auch Gold beineben”… Hat man nicht auch Gold beineben) en el que habla de que toda felicidad no es entera si no se tiene a mano el dinero, bendiciendo de esa manera original la relación. Sin embargo, Fidelio no termina de verlo claro y lamenta que aún no cuenta con la absoluta confianza de Rocco y le insiste en poder ayudarle con los prisioneros. Rocco accede a medias pues le niega el acceso a un preso específico, a Florestán. Rocco le revela que el alcaide está obligado a reducirle la ración y un absoluto aislamiento hasta el punto de no ver la luz. La persistencia de Fidelio acaba convenciéndole para que pueda acompañarle hasta el mismísimo calabozo donde está el preso(Gut, Söhnchen, gut…¡Bien, hijo mío, bien!...brillante terceto).

Una marcha anuncia la llegada de Pizarro, el gobernador de la cárcel. El carcelero le entrega las cartas y despachos; uno de ellos desvela la llegada del ministro. Eso le hace estremecerse y llegar a la conclusión de que debe acelerar la muerte de Florestán (Ha! Ha! Ha! Welch ein Augenblick!... Ah! ¡Ah! ¡Ah!¡Qué momento!) antes de que llegue el ministro. Es el momento de hablar con Rocco (Komm näher! Jetzt, Alter…¡Tú, viejo! ¡Acércate!) y proponerle matar a Florestán cuanto antes; las reticencias del carcelero acaban convirtiéndose en una negativa para matar al prisionero.

Ambos salen y la escena está sola en brevísimos instantes pues aparece Fidelio…o, en la soledad y con el sentimiento desbordado, Leonore. La soprano interpreta un aria intimista en la que la ira inicial se transforma en esperanza a la hora de llegar hasta su marido (O komm, erhell mein Ziel, sei's noch so fern…¡Oh, ven! Ilumina mi meta). Marzelina le solicita a su padre que saque a los prisioneros y vean la luz del sol y respiren aire fresco. Rocco se muestra reacio pero acepta la petición de su hija. Van abriendo las puertas de los calabozos mientras los prisioneros agradecen el favor (O, welche Lust! …¡Qué delicia!) y soñando con la libertad. En un aparte, Rocco y Fidelio hablan (Noch heute? noch heute?...Hoy mismo?). El carcelero le revela que puede acompañarle hasta el calabozo secreto pero, a su vez, le añade que debe ayudarle a cavar la tumba del prisionero: no está muerto pero Pizarro irá a matarlo puesto que él se ha negado a ello. Durante todo el dúo se observa la gravedad en el tono de Rocco mientras que Fidelio se muestra apesadumbrado aunque ello no vaya en perjuicio de la calidad de la música en relación al tema en cuestión: el dolor de un deber injusto, duro (Rocco) y el penar de ayudar a cavar la tumba del marido (Fidelio aunque en su rol de Leonore). En ese instante irrumpe Marzelina para advertir el regreso furioso del gobernador Pizarro, advertido de la salida de los prisioneros. Rocco intenta rebajar la cólera del alcaide diciéndole que se preocupe del otro ya que dejar salir a los presos no le va a convencer (Des Frühlings Comen…La llegada de la primavera). A una orden del alcaide, los presos regresan tristes a la realidad de sus celdas (Leb wohl, ¡Adiós, tibia luz) mientras que exige a Rocco que cumpla, de una vez por todas, con su obligación.

Acto II: Celda de Florestán

La introducción nos envuelve en la oscuro y húmedo calabozo donde está exhausto y desesperado el prisionero Florestán. No es un preso violento, sólo una persona encarcelada por osar decir la verdad (In des Lebens Frühlingstagen… En los días de la primavera). En su aria se revela su resignación ante el sufrimiento pero con la “consolación” de quién cumplió con su deber. Su último pensamiento es para su mujer Leonore (Und spür' ich nicht linde… ¿No siento el murmurar…) a la que ve como un ángel que le conducirá “hasta el reino de los cielos”. En ese momento aparecen Rocco y Fidelio en la celda. Se ponen a realizar su trabajo aprovechando que duerme el preso. Fidelio trabaja pero no para de mirar a Florestán mientras Rocco le pregunta porque duda de hacer su trabajo (Nur hurtig fort… Cavemos rápidamente). Se despierta el prisionero. La conversación que se entabla entre ellos está salpicada de tremenda dureza. En primer lugar, el preso consigue la revelación que perseguía respecto al gobernador de la cárcel; en segundo lugar pide a Rocco que vaya a Sevilla para buscar a Leonore (él desconoce que su mujer está a su lado) y, por último, un acto de piedad, y dejarle beber aunque sea un poco. El carcelero accede a darle algo de vino y se lo encomienda a Fidelio, es la primera vez que se ven los ojos si bien el preso no la reconoce. El agradecimiento de Florestán es sincero (Euch werde Lohn in bessern Welter… Seréis recompensados) mientras Rocco le revela que nunca dejó de sentirse conmovido por su sufrimiento.

Aparece Pizarro con el objetivo de matarlo (Er sterbe!...¡Qué muera!)y, antes de eso, que conozca el nombre del vengador. En el momento en el que se apresta a disparar al preso se pone de por medio Fidelio ante el enojo del gobernador y la sorpresa de Rocco…que acaba siendo mayo cuando ella revela su verdadera identidad: ella es Leonore (Töt erst sein Weib!...¡Mata primero a su mujer!). En el momento en que Pizarro, desafiado ante la misma Leonore, se decide también a matarla, un ruido lejano anuncia la llegada del ministro. En el momento en que Jaquino aparece para avisar de la presencia ministerial observa la felicidad y la confianza de Leonore y Florestán, la desesperación cargada de ira de Pizarro y las ganas del carcelero de abandonar a “semejante tirano”. Con todo, Florestán no está muy convencido pero Leonore le acaba convenciendo de que tendrán a Rocco a su favor ante el ministro y eso bastará para la libertad. Ante semejante felicidad no es extraño ese breve dúo (O, namenlose Freude!... ¡Oh, indecible felicidad!) en el que el amor inunda cada nota entre la esposa salvadora y el pobre prisionero que ninguna esperanza tenía hasta un poco antes. Rocco, que reaparece en escena, les reclama para que salgan de la celda y suban las escaleras hasta la plaza de la prisión. El pueblo aclama la presencia del que consideran el salvador. El ministro, Don Fernando, anuncia que su llegada tiene el fin de conocer las miserias de los prisioneros y ver si puede ayudar. En ese momento, Rocco aparece junto a Florestán y Leonore para presentárselos al mandatario a pesar de las quejas de Pizarro. Don Fernando se queda turbado al ver al preso político, al que creía muerto. El carcelero aprovecha, ante todos los presentes, para elogiar a Leonore por el inmenso trabajo de llegar hasta su marido para salvarlo de la muerte (der Frauen Zierde fuhr' ich vor…Os presento a la perla de las mujeres) mientras Marzelline se queda atónita al saber la realidad. Don Fernando, impresionado por el tremendo valor de Leonore le entrega las llaves de la libertad para que libere las cadenas de Florestán. Mientras que el pueblo alaba a Dios por semejante dicha, Leonore libera a su marido (O Gott, o welch ein Augenblick!... ¡Oh Dios, qué momento!). El final de la ópera es bellísimo no solamente por la música sino también por el mensaje cargado de elogio hacia la mujer que salvó la vida de su marido… y por el amor hacia Florestán el que guió los esfuerzos de Leonore (Wer ein holdes Weib errungen).


(C) Fernando Cansado Martínez, 2007. fernando@operamania.com