Il Barbiere di Siviglia  Gioacchino Rossini                                       Sinopsis   Operamania.com

  Hermann Prey en Largo al Factotum

Si alguien merece estar en este apartado de óperas, ese compositor se llama Gioacchino Rossini. Su "barbero" es uno de los referentes en el mundo de la ópera. Aunque no pudo crear al personaje de Fígaro ya que, como es sabido, Mozart compuso "Las bodas de Fígaro", le dio otra perspectiva no menos impactante al personaje del barbero... pero manteniendo su capacidad de "enredar y desenredar" que ya tenía en la ópera mozartiana. El "barbero" es la primera de las obras de Pierre Caron de Beaumarchais y cuyas "bodas" es la continuación con nuevos personajes pero manteniendo a ese Don Bartolo con ganas de venganza, a ese Don Basilio, a ese Conde tan mujeriego, a esa sufrida Rosina y, por supuesto a ese Fígaro ya transformado en sirviente del Conde. Una obra imprescindible para entender la obra del salzburgués ya que le dota de determinadas cualidades a los personajes, los perfila aunque, en la obra rossiniana, el Conde de Almaviva aparece más agradable que en la mozartiana. "Il barbiere di Siviglia" es una ópera que difícilmente defrauda a los que empiezan. Fragmentos como la obertura, ampliamente reconocida en medios ajenos a la ópera, la célebre aparición de Fígaro con ese "tralallera", el aria de Rossina "Una voce poco fa", etc  son algunos de los más bellos e impactantes de la obra.

La ópera se estrenó en el Teatro Argentina de Roma un 20 de febrero de 1.816 siendo un fracaso intencionado por los seguidores del "Barbero" de Paisiello, ya que consideraban la obra como un plagio.

Acto I

La obertura, como decía en la introducción, es una de las más populares incluso entre los ajenos a este mundo operístico. Por ello, al que se adentre en esta ópera ya tiene un trecho recorrido y, de verdad, vale la pena disfrutarla.

Cuadro 1

El Conde de Almaviva se ha encaprichado de una joven y acude al lugar  donde vive ella. Le acompañan Fiorello y un grupo de músicos para rondar la casa de su amada con esa bella serenata "Ecco, ridente in cielo" que nos da una primera muestra del estilo rossiniano (Oh sorte!già veggo) que nos va a encandilar seguramente. Sin embargo, no hay suerte ya que la joven no aparece por el balcón y, para colmo, los músicos le insisten que les pague a lo que el Conde accede. Los músicos le agradecen  ("Mille grazie, mie signore") de una manera algo ruidosa que hace despertarse al vecindario como así temía el Conde. Una vez sólo, escucha la llegada de Fígaro, uno de los arias más espectaculares por la excelente capacidad de dicción y habilidad para tan complicada partitura ("Largo al factotum della città"). El Conde que lo ha estado observando le reconoce y lo llama. Conversan y cuando Fígaro le pregunta qué hace en la ciudad, el Conde le dice que está siguiendo a la chica que vive en la casa donde ha estado la noche antes. Fígaro le alegra la mañana: el barbero entra fácilmente en esa casa por sus diversos trabajos y ella no es la hija del doctor Bartolo sino su pupila. La joven aparece en el balcón mirando a ver si está quien la seguía hasta ahí y, una vez que lo ve, aprovecha un momento para tirar una carta donde le manifiesta su situación y su ilusión por "romper sus cadenas, la desventurada Rosina". Una vez que el Dr. Bartolo sale de casa, se queda ella sola esperando que su "amado" le diga "como se llama y sus intenciones". El Conde le canta que se llama Lindoro ("Se il mio nome saper voi bramate"... Si quieres saber mi nombre), que es pobre, que sólo le puede dar amor y que suspira por ella desde la aurora hasta el anochecer. Mientras que ella disfruta, una sirvienta del doctor interrumpe e impide que siga oyendo la cancioncilla. El Conde le pide a Fígaro que le diga como entrar en la casa y tendrá "oro a discrezione". Con este pensamiento surge ese divertido dúo entre los dos ("All'idea di quel metallo!"... A la idea de este metal). La primera idea de Fígaro es que el Conde se disfrace de soldado a lo que éste acepta afirmando que un amigo suyo llega con el regimiento. La siguiente idea es que aparezca borracho. Cuando el Conde está a punto de irse  le pregunta por su barbería a lo que Fígaro responde  con una descripción  que recuerda en algo  a su aparición  en esta ópera ("Numero quindici, a mano manca"). El final de esta escena es de las de "enmarcar": Fígaro  se imagina el sonido de las monedas mientras  el Conde piensa en su éxito de conquistar a Rosina. 

 

Cuadro 2

             Aunque ya habíamos tenido la ocasión de ver/oír a Rosina en el cuadro 1º, su verdadero papel protagonista se inicia en este momento con esa "Una voce poco fa" que es su tarjeta de presentación. Un aria de gran belleza en la que muestra su personalidad como enamorada, dócil, respetuosa, obediente pero que, dentro de sí misma lleva una víbora que no dudará en usar cien trampas antes de ceder ("Io son docile"... "Ma se mi toccano"). Un gran aria de las que se disfrutan más cuanto más se escuchan. La llegada de Fígaro a casa la ilusiona puesto que ve en él una persona que le ayudará a proteger su amor. El barbero, antes de hablar con Rosina escucha una conversación de Don Bartolo y Don Basilio, el maestro de canto de ella, en la que el doctor le revela su intención de casarse con Rosina. Don Basilio se alegra puesto que ha escuchado que ha llegado a Sevilla el Conde de Almaviva, el secreto amante de la joven. Pero no queda ahí la cosa pues el maestro de canto le revela que deben de conseguir convertir al Conde en un hombre infame a vista del público y le comenta como usar la calumnia contra el amante de su pupila ("La calunnia è un venticello"....La calumnia es una pequeña brisa) donde la música va al son de la explicación de los "efectos" devastadores de la calumnia...hasta llegar  a acabar con el denigrado. Es de esos momentos en que impresiona como la música va in crescendo en función de una explicación muy "detallada". Impresionante. El encuentro de Rosina y Fígaro es divertido y feliz una vez que el barbero le comenta lo escuchado por don Bartolo. El dúo siguiente ("Dunque io son... tu non m'inganni") rezuma gozo juvenil en cada nota. Fígaro le anuncia que irá el mismo Líndoro (ella desconoce que se trata del propio Conde y sigue pensando en ese joven pobre) a verla en cuanto tenga una señal de su afecto. Cuando ella le enseña que la carta ya estaba escrita, el barbero se sorprende gratamente dando pie a una segunda parte del dúo donde ella se muestra tan dichosa ("Fortunati affeti miei") como impresionado Fígaro ("Donne,donne ,eterni dei chi v'arriva a indovinar?"), mientras que le asegura que Lindoro llegará en poco tiempo. Fígaro sale justo en el momento en que entra don Bartolo. La conversación del doctor con su pupila es inquisitiva ya que la ha visto hablar con Fígaro y, precisamente, quiere saber de qué han hablado. El aria que sucede a esta conversación("A un dottore de la mia sorte") tiene una doble vertiente: por una parte, tenemos un tono duro de castigo-más acelerado- y, por otra parte, otro más condescendiente  si confiesa ella y se deja de excusas- con un tono más suave. En definitiva, un fragmento que no se le irá de la cabeza cuando lo escuche. Ella, enfadada, sube a su estancia hasta que llega, poco minutos después, un Lindoro/Conde desconocido con el disfraz de soldado y borracho como así le pidió Fígaro. Con su aparición en escena asistimos a una repetición de aquellos veinte minutos mágicos de Las bodas de Fígaro cuando van apareciendo sucesivamente los personajes de esta ópera. En un tono jocoso vamos asistiendo a embrollos como la presentación de él y el error con el nombre del doctor, como el Conde le muestra el boleto de alojamiento para quedarse en aquella casa como también le prometió Fígaro en el último dúo del primer acto. La aparición de Rosina ("un soldato, il tutore!") aturdida ante la presencia desconocida del soldado cambia en alegría cuando se revela quien es ante ella aprovechando que el doctor está buscando un papel que le libera de alojarlo. Desde entonces, ellos actúan para burlarse del doctor.  Cuando ella muestra su pesar ("ecco qua, sempre la stessa historia!") ya se han unido al enredo Don Basilio y Berta, sirvienta en la casa . La aparición de Fígaro ("alto la!") trata de tranquilizar el tema anunciando que tanto escándalo está llevando a mucha gente alrededor de la casa. Pero es tarde, porque la bronca entre el Conde y el doctor ya ha llevado a soldados a la casa para resolver el caso ("Fermi tutti!"). Una vez que el capitán pide que la gente diga que está pasando, ambos empiezan a decir de forma atosigante las razones para el escándalo. Aquél decide  que la culpa es del soldado y cuando decide arrestarlo, el Conde se quita una parte de su disfraz ante el capitán y se descubre, logrando que el capitán se cuadre. La sorpresa de todos era de esperar: don Bartolo, Berta, don Basilio y Rosina quedan de piedra ante la escena mientras que Fígaro disfruta de la escena ("Guarda don Bartolo!"). Es curioso el tono que usa el barbero mientras los demás se muestran atónitos como revela la música que puso el compositor para una escena divertida como ésta y que culmina con ese final "Mi par d'esser con la testa", de absoluto delirio musical por parte de Rossini y donde todos los personajes muestran una absoluta y disparatada  histeria.

Acto II.

Don Bartolo ha quedado exhausto con el asunto del soldado y sospecha que el Conde de Almaviva ha enviado a aquél para saber del corazón de Rosina... sin saber que es el propio Conde el que ha estado en casa para birlarle a su pupila. En ese momento llega el Conde travestido como maestro de música y con el nombre de Don Alonso logra convencer al doctor de que él dará la lección en vez de don Basilio. Su irrupción ("Pace e gioia!") no dudo que arrancará una sonrisa por su tono sencillo y ameno (más si acude al teatro a verla). Aparece Rosina en escena y su sorpresa es total al ver a su Lindoro amado travestido como maestro de canto. Nos encontramos ante uno de las mejores momentos en la ópera cuando ella canta ese aria "Contro un cor che accende amore" de belleza incluso superior a esa "Una voce poco fa" por su tono melódico. Aprovechando que esa canción no es del agrado del doctor y que queda traspuesto y no la puede ver, Rosina le pide ayuda a Lindoro ("ah,Lindoro mio tesoro") a la que este acepta de sumo grado. En ese instante, el doctor abre los ojos, ella continúa con el mismo tono que la primera parte de su aria con un mismo esquema. Una vez que Don Bartolo le afirma su admiración por Caffariello a Lindoro/maestro de canto aparece Fígaro. Tras una serie de idas y venidas de don Bartolo para no dejar sólo al barbero con Rosina, pues cree que será quien le dé algún mensaje a ella, finalmente accede a que Fígaro entre en una estancia para coger cuanto necesite para afeitar al doctor... y coger las llaves para  esa misma noche. La llegada de don Basilio en ese instante va a sorprender al doctor pues no lo esperaba pero también al Conde que basaba su presencia en que aquél no apareciese... e incluso al mismo don Basilio al ver a otro disfrazado con su misma vestimenta. Con una serie de tretas, el Conde trata de convencer al maestro para que se vaya, recriminándole por estar "paseando con fiebre" ("Colla febbre,don Basilio,chi li insegna colla febbre a passeggiar?") a la vez que Fígaro le mueve discretamente la mano como si estuviese temblando mientras que el Conde/Don Alonso trata de sobornarle con una bolsa de dinero para que se fuese. La escena siguiente es curiosa con todos (don Bartolo, Fígaro, Conde y Rosina) insistiendo a don Basilio para que se vaya, al son de un "amabile" "Buona sera" en el que las voces se intercalan para pedirle que marche a descansar. Una vez que ha marchado el maestro, quedan solos los dos amantes pero Fígaro se ha de quedar para evitar que don Bartolo esté al tanto del tema de la "fuga" de Rosina y el Conde. El mismo Conde le desvela que esa medianoche irán a liberarla del doctor ("A mezzanotte in punto"). En un instante determinado, don Bartolo consigue zafarse de Fígaro, logra escuchar el final del comentario del enamorado e irrumpe en la conversación lleno de rabia y echando al Conde de casa ("ah,bravi,bravissimi...Bricconi,birbanti") en un escena de gran intensidad y, si el director de escena quiere, cargado de un toque cómico. El aria de Berta, la ama de llaves, ("Il vecchiotto cerca moglie..."el viejo busca mujer) ejerce de punto de relax antes de que llegue el final de ópera y que es una peculiar manera de definir el amor, con añoranza mientras maldice su vejez. De la conversación del doctor con el maestro de canto se decide que se busque al notario para casarse con Rosina. Después, el propio doctor consigue convencer a Rosina que el propio barbero y Don Alonso están haciendo juego con su amor para entregárselo al cruel Conde de Almaviva (recuerdo que en este punto Rosina sigue creyendo que a medianoche va a salir con Lindoro).*

Intermezzo: Un temporal que ha pasado a la historia por su gran verosimilitud en ese goteo que va convirtiéndose en lluvia torrencial, como se van percibiendo los relámpagos y los truenos y como al final escampa.

Llegan Fígaro y el Conde a la casa, entran dentro donde encuentran a Rosina, una Rosina inaccesible e indignada. El Conde no lo entiende hasta que ella le explica el tema de la carta que le ha entregado su tutor (don Bartolo) y "como ha fingido amor para entregarla al vil Conde Almaviva". El Conde respira ya que puede desvelarle su verdadera identidad ("ah,sei delusa") y la escena ha cambiado 180º. El enfado deviene en un trío donde ellos manifiestan su felicidad mientras que el barbero muestra su alegría por ese talento de "celestino". El "dolce nodo aventurato" que cantan  al unísono ambos es de gran belleza pero es parado por cuestiones de urgencia: Fígaro debe avisar de que están a punto de llegar don Basilio y el notario a la casa y que deben irse por la escalera que han dejado fuera y, sobre todo, con mucho sigilo ("Zitti,zitti,piano, piano"). Fígaro avisa que han quitado la escalera con lo que hay un poco de temor a ver lo que va a pasar. En estas, el barbero toma la iniciativa y se dirige al notario para que case al Conde y "su sobrina". Don Basilio trata de parar el tema hasta que el Conde sigue la corriente a Fígaro y le trata de dar un anillo para que haga de testigo. Ante las dudas del maestro de canto, el Conde le amenaza con "dos balas en el cerebro si se opone a la boda", con lo que éste accede. Aparece don Bartolo con varios soldados para que detengan al Conde (en este momento sigue disfrazado con lo que el propio doctor desconoce la identidad del "intruso")*. Cuando todo está decidido, el doctor recrimina al maestro de canto por haber hecho de testigo hasta que confiesa que él quito la escalera del balcón ante las risas del resto con lo que ha acelerado todo el proceso. Con la siguiente escena acaba la ópera con la alegría de Fígaro ("Di sì felice innesto"), Rosina ("Costò sospiri e pene")  y el Conde ("Dell'umile Lindoro") intercalados entre la jolgorio del resto de la gente ("amore e fede eterna si vegga in voi regnar") con una música de gran emotividad.

*Esta es una sinopsis sobre la versión reducida. Sin embargo, es posible que algunas versiones incluyan una aria de Rosina antes del intermezzo donde muestra sus dudas sobre la "culpabilidad" de Líndoro. Además, el Conde canta antes de que don Bartolo confiese lo de la escalera del balcón, unos bellos fragmentos dedicados a don Bartolo ("Cessa di più ressistire") y posteriormente a Rosina una bella declaración de amor ("E tu infelice"... "cari amici","Al più lieto") que, como curiosidad, es similar -por no decir copia- al aria "Nacqui all'afanno"de su siguiente ópera, "La Cenerentola".

 

Las mejores versiones discográficas de Il Barbiere di Siviglia

(C) Fernando Cansado Martínez, 2005. fernando@operamania.com