Norma  Vincenzo Bellini                                              Sinopsis   Operamania.com

Si Mozart fallecía a los 35 años y Bizet lo hacía con 37,a los pocos meses de estrenar Carmen, Vincenzo Bellini lo hacía con 34 años dejando para el mundo de la ópera algunas obras maestras como La Sonnambula, Il Pirata, I Capuletti e i Montecchi, la célebre "I Puritani" y por supuesto, "Norma". Bellini forma parte de ese elenco de compositores del primer tercio del siglo XIX junto a Donizetti o Rossini que dio rienda suelta a un estilo de composición que prevalecía la belleza de la voz humana mientras que la música se somete a aquélla. La misma "Casta Diva" es un interesante ejemplo de como la música ejerce un acompañamiento brillante a la invocación de Norma mientras que, por ejemplo, con Puccini es la melodía la que lleva el mando sobre la voz humana. Todo ello sin olvidar como el "romanticismo" se acercaba poco a poco hasta unir ambas concepciones en la donizettiana "Lucía di Lammermoor"

Norma se estrenó en el Teatro alla Scala el 26 de diciembre de 1.831 sin alcanzar el éxito en su "première" aunque, como era de esperar, sí le acompañó el resto de la temporada operística alcanzando las 34 representaciones en el coliseo milanés. Contó en la presencia en el "cartellone" con las cantantes Giuditta Pasta como Norma y  Giulia Grisi como Adalgisa. 

ACTO I

Escena I - Bosque sagrado de los druidas. Galia. Alrededor del 50 d.C-

Tras una sinfonía de gran intensidad en su inicio y belleza en varios pasajes se inicia la ópera con la orden de Oroveso, sumo sacerdote de los druidas, de esperar  el momento en que la luna llena desvele su "argénteo disco" ("Ite sul  colle, o druidi"...Id a las colinas, oh druidas)  con la entrada de Norma, sacerdotisa e hija de éste. Los druidas desean que Irminsul "infunda odio" hacia los invasores romanos mientras que Oroveso les asegura que los romanos sufrirán el embate galo. Mientras tanto, desean que la luna  se pueda vislumbrar para que ello signifique el inicio del fin de los romanos en tierra gala. Una vez vacío el bosque tras la marcha de Oroveso y los druidas, Pollione y Flavio se adentran con intención de poder hablar con Adalgisa, de la que el primero, procónsul romano, se siente enamorado. Flavio, centurión, le recuerda el peligro de entrar en territorio doblemente enemigo ya que los druidas están deseosos de expulsarlos y, lo que era igual de importante, ante la ira de Norma, despechada porque Pollione la ha abandonado con sus dos hijos. Pollione le narra la pesadilla que sufre debido a Norma ("Meco all'altare di Venere" ...Junto al altar de Venus), un bello aria donde se percibe como la aparición de Norma destruye el bello sueño de felicidad del procónsul con Adalgisa.  La llamada a los druidas a través del escudo de Irminsul y las fanfarrias hace que Flavio interrumpa la narración para tratar de alejarse de aquel lugar mientras Pollione se resiste a abandonarlo ("Me protegge, me difende"...Me proteje, me defiende)  con una cabaletta que empieza a ser seña de identidad de los compositores de principios de siglo XIX (Bellini, Donizetti o Rossini).

Norma ha llegado al bosque acompañada de sacerdotes, druidas, bardos que esperan sus profecías sobre el futuro contra los romanos, a lo que la sacerdotisa augura que el imperio romano "Perecerá por sus vicios" pero no por otras manos.

Tras segar el muérdago se dirige hacia la luna resplandeciente y entona una plegaria que se ha hecho famosa por su bella y armónica dicción mientras la música acompaña de forma elegante, lo que ha hecho de "Casta diva" uno de los momentos más populares de la ópera. Todos se dispersan y queda ella en un aparte, reviviendo aquel amor que era correspondido ("Ah! bello a me ritorna "...Ah,vuelve a mí tan bello) donde se ve otra Norma, bien diferente de la que se ha oído antes, mientras los druidas que se alejan con afán de venganza hacia los romanos.

Adalgisa, una joven sacerdotisa, queda en el bosque tras terminar el rito. En ella hay una lucha entre el recuerdo de Pollione, el romano fatal que la ha seducido y la esperanza de que ese sea el último encuentro ("Sgombra è la sacra selva...deh,proteggemi, o Dio!"...Vacío está el bosque sagrado... Dios, protégeme). Aparece Pollione en ese momento y con él, el primer dúo de esta ópera. En un primer instante, ella no quiere seguirlo y olvidar tan infausto amor; él no admite esta intención de Adalgisa ya que no quiere renunciar a ella("Va, crudele, al Dio spietato")mientras ella siente que no puede dirigirse hacia su Dios ya que un velo lo oculta("E tu pure, ah, tu non sai" ). El anuncio de Pollione de partir al alba cambia el sentido de la conversación: Adalgisa, antes firme, titubea ante la persistente capacidad seductora del romano y decide partir con él. Si la explicación argumental sobre el dúo nos muestra dos partes bien diferenciadas, desde el aspecto musical  se observa como la resistencia de la sacerdotisa  va reduciéndose si se compara  el "E tu pure" más intenso con el "Ciel!,così  parlar l'ascolto", más acompasado.

Escena II  - Habitación de Norma-

Norma está con Clotilde. La sacerdotisa pide que le aparte de su vista sus dos hijos, fruto y sufrimiento de su relación con Pollione. Llega Adalgisa para hablar con Norma y comentarle su promesa hecha, poco antes, de abandonar el templo, sólo por amor. Con la narración del encuentro por la joven, Norma va evocando su encuentro con el romano ("Oh, rimembranza"... oh recuerdos). Es un dúo de los que se encuentran pocos en la ópera, donde se van alternando ambos personajes con diferentes perfiles musicales, tanto la narración repleta de amor de Adalgisa explicando el encuentro ("Sola furtiva al tempio") como los recuerdos de Norma de un amor ya desaparecido pero que le sedujo con iguales palabras, pero sin diferenciarlos. Norma le perdona y le promete librarle de sus votos, lo que Adalgisa agradece, temerosa, en un principio, del castigo por su promesa. Pero la conversación se enturbia enseguida cuando la joven reconoce que es un romano el que la ha "conquistado"; la sacerdotisa se indigna aún más cuando Pollione aparece y la joven le señala que  es él por quien rompe todo vínculo con el templo; el procónsul exclama a la joven por qué se lo ha dicho mientras ella no entiende qué ocurre en ese ambiente. Norma, ante una temblorosa Adalgisa recrimina a Pollione ("Ah, non tremare perfido"...ah, no tiembles perfido) todas las promesas incumplidas hacia ella y sus dos hijos. El trío siguiente ("Oh! Di qual sei tu vittima!"...¿de qué engaño has sido tú victima) es fundamental desde el punto de vista del argumento. Norma se dirige a la enamorada para explicarle qué persona es quien la ha convencido de abandonar por amor el templo mientras el romano le recrimina que en los reproches no debe entrar Adalgisa, inocente e ignorante de lo que sucedió entre ellos en el pasado. Pollione, harto de tanta ofensa, decide partir pero al pedir que Adalgisa le siga, ella rechaza pues no está  dispuesta a sufrir el mismo desengaño que la sacerdotisa. Norma maldice  al romano con un amor no disfrutado mientras Adalgisa suplica que no quiere irse con él, atormentada. El sonido del escudo de Irminsul reclama la presencia de Norma en el altar mientras ella le recuerda la maldición con "sonido de muerte" expulsándole del bosque. 

ACTO II

Escena I  - Interior de la morada de Norma-

Norma entra en la habitación donde duermen sus hijos con un cuchillo con intención de acabar con sus vidas ("Dormono entrambi"...Duermen ambos) pero refleja sentimientos contrapuestos entre las ganas de venganza hacia Pollione y no poder matar a unos niños inocentes ("Teneri figli"...Hijos tiernos"). Un grito suyo les despierta y Norma les abraza, escondiendo el cuchillo. Resolutiva, decide que los niños vayan con Adalgisa hasta el campamento romano pero la joven no quiere hacerlo sino es para hacerle ver a Pollione el sufrimiento de la sacerdotisa y madre de sus hijos ("Deh, con te, li prendi"...Llévalos contigo). Adalgisa trata de convencer a Norma que los niños deben quedar con su madre ante la resistencia ("Mira, o Norma, a' tuoi ginocchi "... Mira Norma en tus rodillas) de ésta, que sólo desea morir ("Ah! Perchè, perchè la mia costanza"... ¿por qué constancia...). Al final, Norma cede ante la actitud leal de Adalgisa. Ambas se abrazan felices ("Sì, fino all'ore estreme... si, hasta la hora final) porque una recupera su paz y la otra el ánimo, antes decaído. Quizás es el mejor modo de acabar una escena tan tensa y, a la vez, prepararse para lo que será el final de la ópera

Escena II - Lugar cercano al Bosque sagrado de Irminsul-

Unos guerreros están prestos a la batalla contra los romanos ("Non partì"...¿aún no se ha ido?), esperando que llegue el momento  "de consumar la gran empresa". Oroveso llega para hacerles ver que es mejor disimular ya que el dios aún no ve con buenos ojos la batalla, a pesar de que él mismo desearía romper el yugo romano ("Ah, Del Tebro al giogo indegno"... ¡Ah! El infame yugo de Roma). Los soldados aceptan esperar y disimular la ira para derrotar a los romanos. La escena es corta pero de gran belleza y que vale la pena disfrutar.

Escena III  - Templo de Irminsul y altar de los druidas-

Norma se muestra esperanzada por la conversación con Adalgisa, quien le ha prometido que él volvería a los brazos de la sacerdotisa. Clotilde le narra que la joven desea pronunciar sus votos y las perversas intenciones de Pollione. Indignada por la pretensión del romano de raptar a la joven, Norma golpea el escudo de Irminsul tres veces y profiere ante los soldados las palabras de guerra y exterminio a los romanos mientras que aquellos lo "celebran" entonando los "cánticos de guerra" ("Guerra, guerra! Le galliche selve... ¡Guerra, guerra! Las gálicas selvas). Clotilde avisa que un romano, Pollione, ha sido detenido en el claustro del templo cuando intentaba ultrajarlo. Lo llevan detenido hasta Oroveso y Norma; vacilante, la sacerdotisa logra quedar sola con el procónsul cuando, en un principio, quería herirlo. Inicia así el último dúo en el que se observa dos partes: en la primera, Norma se muestra con una intención conciliadora, más proclive a olvidarlo todo y perdonarle la vida si jura abandonar a Adalgisa ("In mia man al fin sei tu"...Al fin estás en mis manos) pero el romano se niega a pesar de que la sacerdotisa le revela que tuvo en sus manos matar a los dos hijos; en una segunda parte, Norma es más beligerante ante el rechazo de Pollione y amenaza con el fin, no sólo de los romanos, sino también de la joven ante el horror del romano ("Nel suo cor ti vo' ferire/ Ah! T'appaghi il mio terrore!"... En su corazón quiero herirte/ ¡Ah! que te aplaque mi terror). Oroveso y los druidas vuelven para saber lo que ha averiguado Norma. La sacerdotisa revela, con cierto halo de misterio, que ella es culpable y que será sacrificada en la hoguera mientras que el romano, que esperaba que sería  Adalgisa la que fuera a la hoguera, siente de verdad que ha perdido, en Norma, a una "mujer sublime" ("Qual cor tradisti/ Ah! Troppo tardi t'ho conosciuta!...¡qué corazón traicionaste...!/Ah, demasiado tarde te he conocido)  y su deseo es morir con ella, implorando su perdón. Oroveso y los druidas están fuera de sí y reclaman una justificación. Norma, que se acuerda de sus hijos, trata de convencer a Oroveso-recordemos que es el padre de  la sacerdotisa- para que los acoja ("Deh, non volerli vittime"...Ah, no les conviertas en víctimas) en lo que es la escena más conmovedora por todos los sentimientos reflejados en el ambiente: la sacerdotisa rogando el perdón y la súplica, Oroveso aceptándolo desconsolado, otros druidas esperando cubrirla de negro mientras Pollione se muestra feliz de poder morir con ella. Al final, ambos son llevados hasta la hoguera mientras algunos druidas la maldicen y la cubren de luto ("Vanne al rogo"... Ve a la hoguera). Con un "padre, addio", Norma se dirige  por última vez a su  padre.

 

Las mejores versiones discográficas de Norma

(C) Fernando Cansado Martínez, 2006. fernando@operamania.com